Hola. ¡Dios te bendiga! Desde hacen seis semanas venimos recreando el peregrinaje del pueblo de Dios, sus hijos, por doce desiertos que representan, en paralelo con la realidad, un tratamiento de Dios para crecer, madurar, aprender a no pecar y a vivir en libertad.
Dios planeó tu libertad (salida de Egipto), pero el desierto de Sin nos muestra que quizás, tal como le sucedió al pueblo de Israel en ese lugar, no la puedas disfrutar… no puedas ver la tierra prometida… te sientas estancado sin poder seguir adelante, y te encuentres murmurando y declarando que lo que hoy tienes es suficiente para ti… e incluso deseando cosas de tu vieja vida (“allá estábamos mejor”, decía el pueblo).
“Sin”, el desierto que estamos estudiando esta semana, significa “lodo, arcilla, barro”. Una de las características del barro es que produce estancamiento. Si alguna vez has intentado cruzar una zona barrosa en auto, bicicleta o aún caminando, sabrás a lo que me refiero.
Estancamiento es lo opuesto a movimiento; y nuestro Dios es un Dios de movimiento, de acción; Dios dice algo y eso sucede, pasa...
En el desierto de Sin, Dios está tratando con su pueblo elegido, un pueblo que no entendía claramente que estaba siendo liberado, un pueblo con una FE que se debilitada ante la primer necesidad física, un pueblo que murmuraba contra El, a pesar de ser testigos y protagonistas de los milagros y el poder de Dios a su alrededor.