Las arenas de mi victoria.

SEMANA 4 - DIA 6: 
Cantares 2:11-12 dice: “¡Mira, el invierno se ha ido y con él han cesado y se han ido las lluvias! Ya brotan flores en los campos; ¡El tiempo de la canción ha llegado! Ya se escucha por toda nuestra tierra el arrullo de las tórtolas. . . “
Al comienzo de esta semana expusimos que más importante que saber por qué estoy en este desierto, es descubrir como salgo de él.
Amargura, temor, soledad, angustia, rencor, fracaso, dolor, tristeza, enojo, quejas, rebelión, dudas. . . .
El Señor nos ha dado la oportunidad de enterrar todo eso en las arenas más profundas, donde jamás vuelvan a asomar.

• “El invierno se ha ido”. Quizá el invierno está en nuestro corazón con un frio intenso que recorre nuestras venas…
• “Brotan las flores”. Pero tal vez en nosotros brotan las lágrimas.
• “El tiempo de la canción ha llegado”. Pero el corazón se ha endurecido y tus labios se pegaron.

El Salmo 40:1-3 dice: “puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme. Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios.”

Es nuestra decisión aprender, tomarnos de su verdad y renacer como declara Cantares. Es nuestra decisión declarar como el salmista. . . 
¡Puso nuestros pies sobre la roca! ¡No hay culpas ni culpables! Ni rencores. No hay voces que atemorizan y detienen. Solo la voz del Señor que nos lleva en victoria. Que puso un canto nuevo en nuestra boca.

El desierto es aprendizaje, cambios, nueva vida, esperanza, sueños. . . .

¿Qué te parece? ¿Salimos tomados de su mano poderosa o nos quedamos enterrados en la arena?

El Salmo 144:1-2 dice: “Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra, mis dedos para la batalla. Él es mi Dios amoroso, mi amparo, mi más alto escondite, mi libertador, mi escudo, en quien me refugio. . .“

Con la ayuda del Espíritu Santo hemos librado una batalla. Romanos 8:2 dice:”. . . sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo a su propósito. . . . en todo somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (v.37)”.

Descubrimos un nuevo brillo en todas las cosas. Dios nos ha dado la victoria. Ha cambiado lo amargo. Su palabra es nuestro deleite. No olvidemos sus beneficios. Todo lo tenía preparado. Dios ha sido bueno.

Isaías 35:5 dice” se abrirán entonces los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; saltará el cojo como un siervo, y gritará de alegría la lengua del mudo, porque aguas brotarán en el desierto y torrentes en el sequedal. La arena ardiente se convertirá en estanque, la tierra sedienta en manantiales burbujeantes. . . . “

Salimos como un manantial y nos preparamos para otros próximos desiertos, pero no tememos, porque en
Isaías 43:5 el Señor nos dice “no temas porque yo estoy contigo. . . “

Declaramos 
“EL SEÑOR ME GUÍA SIEMPRE, ME SACIA EN TIERRAS RESECAS, Y FORTALECERÁ MIS HUESOS. SERÉ COMO JARDÍN BIEN REGADO, COMO MANANTIAL CUYAS AGUAS NO SE AGOTAN.”

Lili Bravo.