Carne vs. Espìritu

DÍA SEIS: 
Esta semana estamos trabajando sobre Éxodo 17 (desierto de Refidim), y ayer llegamos a los versículos que hablan de la pelea con los amalecitas. Aprovechamos para recordar que los amalecitas (descendientes de Amalec) representan nuestras pasiones que nos desvían del camino hacia la tierra de promesas de Dios.
Dicho de otra forma, Amalec representa la carnalidad. Y la carnalidad se manifiesta en los que no buscan las promesas del Padre sino que buscan su propia satisfacción (Juan 6:26, Romanos 6:11; 8:5).


¿Cuáles son las consecuencias que se dan al caer en las manos de Amalec?
1. La primera consecuencia (o señal) que se da es un total enfriamiento espiritual en la persona. La persona influenciada por el espíritu de Amalec pierde toda sensibilidad a las cosas espirituales.
* Esto es lógico ya que esta persona vive bajo la influencia de la carne y esta no se somete a Dios.
* Se conforma con llegar de vez en cuando a la iglesia ya que generalmente mantiene su posición religiosa.
* La vida de oración, lectura de la Palabra y sujeción a la iglesia, se pierde.

2. La segunda señal de una persona influenciada por este espíritu es su constante interés en culpar a otros de su estado.
* Culpa a la iglesia, a los pastores, a la familia, etc.
* No acepta que su condición se debe a su apego al mundo
* No está dispuesto a dejar las cosas del mundo.

3. La tercera señal de una persona influenciada por el espíritu de Amalec es su deseo de contaminar a otros.
* El espíritu de Amalec está sediento de creyentes, y usa a los que logra influenciar para acercarse a otros que andan debilitados.
* Les invita a participar con ellos de lo que hace, y a rebelarse contra la autoridad espiritual.

4. La consecuencia final: se deja de alcanzar el premio…
* La persona se aparta por completo del Señor y rara vez se levanta.
* Su corazón se obstina contra la iglesia y decide no volver a congregarse.

O sea, ¡¡peligrosísimo!!

¿Qué tal si te tomas un muy buen momento de oración y de clamor ahora, delante del Padre, y le ruegas Su protección contra este espíritu?

Te sugiero que ores así:
“Padre celestial… ¡de ninguna manera quiero a este espíritu cerca de mí! Yo quiero adorarte, quiero servirte con todo el fuego de tu Espíritu Santo activo en mí. Por eso hoy te pido, ¡hoy te ruego! que avives en mí la obra del Espíritu Santo, y jamás caiga en manos de un espíritu amalecita. Que mi carne, mi voluntad, se mantenga totalmente en sujeción a Ti. Quiero la plena soberanía de Dios actuando sobre mi vida. En el nombre de Jesucristo… quien pagó un alto precio para que tenga discernimiento, no me deje engañar, y venza todo espíritu contrario con Su poder… Amén”.

Mónica Rojas