¡ Vengan a mi !

DÍA CUATRO: 
Cuando leemos de la murmuración del pueblo de Israel en el desierto de Refidim (Éxodo 17:1-6), nos damos cuenta que, en realidad, en medio de la murmuración se buscaba una respuesta a la necesidad concreta.
Hoy nos preguntamos esto: “¿Qué respuesta estamos buscando?”
Refidim te enseña cómo es el Dios en el que has creído, porque solemos tener conceptos equivocados (como, por ejemplo, que cuando ando con Dios, todo debe estar resuelto con anticipación). Necesitamos saber que, a veces, el agua no está en el camino, sino que DEBE SER PROVISTA POR ÉL CON INTERCESIÓN (Él ya pensó y decidió dártela, pero hay que pedirla).

Por esto Jesús nos dice en su Palabra: “si alguno tiene sed venga a mí y beba” (Juan 7:37). O sea, está dando por sentado que, en algunos momentos de la vida, tendremos sed. 
Y a ésta proclamación se le agrega otra: “el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente” (Ap. 22:17)... ¡pero hay que ir a la fuente!

Pregunto: en medio de tu necesidad, ¿cuál fue tu primera reacción? ¿Ir a la fuente de respuesta, o simplemente murmurar?

Probablemente necesites tomarte unos minutos este día para pedir perdón por apresurarte a la queja, en vez de correr a la fuente… Escucha tus propias palabras, y quizá en medio de ellas descubras que ir a la fuente de agua de vida no fue tu prioridad.

Ora de esta manera:
“Padre celestial, perdona mi murmuración… perdona mi apuro por quejarme, y mi dejadez en buscar Tu respuesta. Esta mañana me arrepiento de ese pecado, y dispongo mi mente y corazón para que, frente a cualquier circunstancia, la búsqueda de Dios sea mi prioridad. Que Tu Espíritu Santo transforme mi conducta (que se parece mucho a la de la gente que me rodea, pero que no conoce a Dios), y me enseñe a esperar en mi Señor. En el nombre de Jesucristo. Amén”.

Mónica Rojas