He aquí, yo vengo a ti.

Semana Diez - Día Cuatro: 
Éxodo 19:7 al 9: “Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo. Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová”.
A medida que transcurrimos esta semana vamos siendo confrontados por diversos estados emocionales, situaciones cotidianas, conflictos, vivencias que nada tienen que ver con la grandeza y la majestad de nuestro Dios.

En estos versículos podemos captar algunas características de la presencia de Dios en el Monte Santo. Él dice “yo vengo a ti... en una nube espesa”. Esto me trae a memoria lo que hace pocos días atrás tuvimos como fenómeno climático en nuestra ciudad: "niebla espesa”. Recuerdo que esa mañana fue impactante… recuerdo a mis hijos a la hora de salir a la escuela… sus comentarios, las sensaciones que todos tuvimos, el sentido de grupo que nos unió… recuerdo que no podíamos ver a muchos metros de distancia… todo generaba un ambiente único e irrepetible, como trasladada a las alturas, ya que ahí he podido vivir… esas sensaciones extrañas, cierto relax, que genera un microclima en donde uno no puede acceder al espacio conocido. Si a esto le sumamos el sonido de truenos o de bocinas fuertes, algo parecido a lo que hubo en el monte, tomaríamos conciencia de la superioridad de nuestro Dios. Es un poder más allá de lo conocido; excede nuestras posibilidades humanas, está generando que todo nuestro mundo sea trastocado.

Bien… todo esto es para solo imaginar un poquito lo que el pueblo de Israel vivió estando a los pies del Monte Sinaí.

• El pueblo está de acuerdo en obedecer el pacto. Aquí ellos dijeron, “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos.” Su respuesta fue sincera, pero también fue hecha en ignorancia.” Sin medir consecuencias, es el deseo de un corazón sincero, entusiasmado de hacer lo que tanto tiempo esperaron, y por lo que han transitado largo tiempo desde la salida de Egipto.

“Todo lo que Jehová ha dicho haremos”, pero fallamos. Al punto tal de volvernos como niños incrédulos, perdiendo de vista nuestro llamado, nuestro futuro en Dios, olvidando Sus promesas y dando lugar a que el enemigo tome control de los pensamientos.

Pero Dios nunca falla. Él espera y sigue Su propia manera de dar gracia y de gobernar sobre toda circunstancia. ¡¡Gloria a Dios!! por tener un Padre que todo lo comprende, y que por amor muchas veces sigue esperando y trabajando en nuestros corazones.

“Todo lo que Jehová ha dicho,…haremos”. Si estas palabras las trasladáramos al día de hoy, ¿estaríamos dispuestos a cumplir con los pedidos que Él nos haga? ¿A permitir que Él trabaje en nuestros corazones? ¿A dar de nuestro tiempo en ayuda al prójimo, sirviendo, orando caminando la milla que nos toca y aún aquella que nos cuesta?, ¿esa que hace salir de nosotros lo que está escondido en el corazón, a permitir desnudar el alma, a enfrentarnos con esas cosas que no haríamos nunca a no ser que seamos llevados en un tiempo de disciplina del Señor, para que podamos ver a quien amamos realmente?

• “He aquí yo vengo a ti….en una nube espesa”
Que hermoso sería levantarnos una mañana y encontrar que, al salir de nuestras casas, está esa nube espesa, algo parecido a lo que anteriormente hablamos, esperándonos allí para ser completamente transformados en un instante… ¡sería lo ideal! pero esta forma de encontrarse con Su pueblo fue para el pueblo de Israel, en ese desierto… (aunque si lo quisiera hacer hoy, con nosotros, también sería maravilloso ¡¡¡¡y una experiencia única!!!!) Pero bien, en mi experiencia personal debo reconocer que el encuentro con el nuestro Creador han sido a través de procesos variados… muchas veces no fueron los más lindos, fueron esos que nunca imaginé, fueron especiales para mi vida, distintos al de muchos… y así es para cada uno de nosotros; porque cuando nuestro Padre desea encontrarse con nosotros es a SU manera, permitiéndonos entrar a un tiempo de disciplina, de soledad. Es en estos desiertos donde Dios nos despoja de lo que para nosotros era valioso, y nos daba valor como persona, sentido de pertenencia, ese orgullo de ser lo que somos… pero es en estos procesos en donde nos despojamos de tantas cosas, fama, reputación, apellidos, posiciones, liderazgos, porque todo lo que tenemos y de lo que nos tomamos para SENTIR que valemos, se cae frente a SU presencia, frente a ese encuentro con el TODOPODEROSO, es esperar que al quedar sin nada de que asirme, Él se encuentre con nosotros en esa nube espesa que transforma nuestro ambiente en todos los sentidos, para que al ser transformados no quede otra cosa que la consecuencia de haber estado en Su presencia y que podamos reflejar a Cristo.


Acompáñenme a orar así:
“Amado Dios… es nuestro anhelo que podamos encontrarnos en este desierto, que cada vez que tu desees tocar nuestro espíritu podamos estar allí para ser abrazados y transformados por el poder de tu amor. En el nombre de Jesús, ordenamos que nuestra carne, mente, alma y cuerpo se sujeten al llamado divino, en lo personal y como parte de esta congregación de Iglesia el Camino, ¡¡para gloria de tu nombre!! Recibe Señor nuestra alabanza y gratitud porque a los que aman a Dios, TODO ayuda para bien”.

Les regalo una canción que mucho he cantado en esos tiempos en donde sólo quise ser como una niña, creyéndole a mi Padre...

Roxy Herrera

Escucharte hablar, de Marcos Witt.